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BREVE HISTORIA DE LAS RATAS BARCELONESA

por | Feb 22, 2021 | Noticias

En este último año debido a la amenaza de la enfermedad Covid-19 una tercera parte de los seres humanos han alterado sus comportamientos habituales.

En Barcelona y en varios países del mundo las cuarentenas que se lleva adelante, el cierre de bares y restaurantes hace que la basura de la que dependían las ratas ya no esté del todo disponible y esto obliga a los roedores a adaptarse también.

Según una alerta lanzada hace poco por el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de EE.UU, las ratas en busca de comida, no encontrándola por la disminución del volumen de alimentos disponible, pueden presentar un “comportamiento poco común o agresivo”.

En Barcelona

las ratas son parte de la ciudad desde que se conoce memoria, hasta se puede contar su historia a través de este animal de larga cola y pésima fama.

Diferentes especies van merodeando por la ciudad. Las más destacadas son la rata negra (Rattus rattus) y la rata parda (Rattus norvegicus), e ambos casos se trata de especies muy comunes y extendidas prácticamente en todo el mundo, a excepción de zonas heladas de los polos.

Se conocen también como ratas urbanas o cosmopolitas y una de las claves para diferenciar estas especies es su tamaño.

Mientras que las ratas negras suelen ser más pequeña (de 7 a 11 centímetros), las pardas pueden llegar a alcanzar un tamaño considerable (de 17 a 27 centímetros sin contar la cola). También pueden diferenciarse por rasgos como su hocico o su oreja (siendo la rata negra la especie que destaque por su morro más puntiagudo y sus pabellones auriculares de mayor tamaño). 

Década atrás se llegó a decir que en la capital catalana había el doble de ratones que persona y hasta se crearon brigada de exterminio para buscarla, cuando desbordaban del inframundo urbano a través de la cloaca, llenando las estrechas calles con sus fugaces sombras y acabar con ellas.

Vecinos de la Prosperidad, en Nou Barris, residente del Clot o los gitanos que vivía en las chabolas de La Perona salían de noche a cazar ratas, llegando a eliminar 15 piezas de gran tamaño cada hora.

La mataban a perdigonazos, otros desde las ventanas con carabinas de aire comprimido, afirmando que aquellas no eran ratas normales, sino bestias impresionantes que daban miedo.

Fue en 1973 cuando los vecinos de Ciudad Meridiana convocaron un peculiar concurso que consistía en cazar ratas. Quien apresaba el roedor más grande ganaba. Eran los barrios obreros, los más sucios e insalubre que sufrían mayormente con esta plaga. Una huelga de basureros podía causar una verdadera invasión por este pequeño, pero siempre temido animal, que desde la edad media es considerado como un bicho contagioso.

La sola mención de la palabra rata está llena de connotaciones negativa.

Acusada de causar una de la peores plagas de la historia, la peste negra del siglo XIV, que acabo con un tercio de la población europea (un estudio publicado en Oslo en 2018 desmiente esta teoría afirmando que fue la propia roña humana, pulga y piojos que anidaban en su cuerpo, el origen de semejante aniquilación).

La verdad es que este animal es muy versátil, son muy ágiles, trepan hábilmente y logran incluso subir por las paredes más lisas, nadan muy bien, son buenos saltadores y son capaces de cavar, aunque esto último no con mucha perseverancia. Se orientan perfectamente en la oscuridad. ​La flexibilidad de su esqueleto les permite introducirse en las viviendas por agujeros estrechos. Su capacidad de roer diversos materiales es tal que les permite perforar desde madera hasta una tubería de plomo. Soportan temperaturas de hasta -30 ºC.

Volviendo a la ciudad Condal, pasados los juegos olímpicos, incluso el mismo verano del 92, las playas amanecieron varios días plagadas de rata flotando en el mar, esto debido al grandes obras que supuso tal manifestación.

En los últimos tiempos las ratas han brotado sobre todo en obras del metro, pero tan bien en grandes infraestructuras como el túnel de Glories o la Sagrera.

Hoy en día con las calles casi vacías y las mayorías de las actividades cerradas, parece que hombres y ratas sigue ligadas de un mismo destino, morirse de hambre. Pero mientras nosotros seguimos con toques de quedas y limitaciones de cualquier tipo, nuestros íntimos enemigos pueden disfrutar de la ciudad y de la más total libertad.

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